¿Por qué no puedo relajarme aunque 'no esté haciendo nada'?
Equipo Editorial Psicólogos en Perú
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Introducción: la paradoja de no hacer nada y sentir tensión
¿Te ha pasado que te recuestas en el sofá sin obligaciones aparentes y, aun así, no logras calmarte? Muchas personas en Perú y el mundo experimentan esa sensación de inquietud a pesar de 'no estar haciendo nada'. No es una falla de carácter ni pereza: es la suma de respuestas biológicas, hábitos mentales y condiciones ambientales.
Por qué tu cuerpo y tu mente no se apagan cuando 'no haces nada'
1. El sistema nervioso sigue en modo alerta
El estrés activo el sistema nervioso simpático, que nos prepara para la acción. Cuando existe carga crónica —trabajo inestable, preocupaciones económicas, falta de sueño— el cuerpo mantiene una activación basal más alta. Eso significa que, aunque no haya una tarea inmediata, tu ritmo cardiaco, tensión muscular y vigilancia mental pueden seguir elevados.
2. Rumiación y pensamientos automáticos
Rumiación es volver una y otra vez sobre preocupaciones, escenarios negativos o pendientes. Cuando dejas de hacer tareas, la mente busca «algo que hacer» y a menudo elige pensar. Ese pensamiento repetitivo mantiene la activación emocional y evita la relajación.
3. Hiperresponsividad a estímulos
Si vives en ciudades con ruido constante, como Lima o Arequipa, o en viviendas con poca privacidad, tu cerebro puede estar en modo hipervigilante. Cualquier sonido o notificación puede reactivar la tensión. Esto es adaptativo en situaciones peligrosas, pero problemático cuando se vuelve crónico.
4. Falta de práctica en el descanso
Relajarse es una habilidad. Si crecemos o vivimos en ambientes donde el descanso se asocia con culpa o con pensamiento activo, es menos probable que hayamos aprendido técnicas para desconectar. Al igual que entrenamos el cuerpo, necesitamos entrenar la calma.
5. Conexión tecnología-ansiedad
El uso constante de dispositivos mantiene el cerebro en búsqueda de novedades. Notificaciones, redes y correos crean una sensación de urgencia. Incluso cuando no interactúas, la expectativa de que algo pueda ocurrir evita la relajación.
Señales de que tu incapacidad para relajarte puede necesitar atención
- Insomnio o sueño no reparador.
- Tensión muscular frecuente, dolores de cuello o espalda.
- Pensamientos intrusivos que interfieren con actividades simples.
- Uso de sustancias para calmarse (alcohol, medicamentos sin receta).
- Evitar momentos de descanso por miedo a los pensamientos.
Estrategias prácticas y basadas en evidencia para aprender a relajarte
A continuación encontrarás herramientas breves y concretas que puedes adaptar a tu rutina diaria. No es necesario hacer todo; elige 1 o 2 y practícalas consistentemente.
1. Respiración 4-6-8 o respiración diafragmática
La respiración regula el sistema nervioso. Practica 4-6-8: inspira 4 segundos, sostiene 6, exhala 8. Repite 5 veces. Otra opción es la respiración diafragmática: coloca una mano en el abdomen y otra en el pecho, inspira por la nariz llenando el abdomen, exhala por la boca. Hazlo 5 minutos y observa cómo cambia tu ritmo.
2. Relax muscular progresivo
Esta técnica consiste en tensar y relajar grupos musculares, de pies a cabeza. Tensa cada grupo durante 5 a 10 segundos y luego suelta conscientemente. Ayuda a distinguir entre tensión y relajación y reduce el dolor muscular por estrés.
3. Micro-descansos programados
Si tu problema es que cuando intentas descansar empiezan las preocupaciones, programa descansos cortos y guiados. Por ejemplo, 5 minutos cada 90 minutos de trabajo para una pausa consciente: estira, respira y observa sin juzgar. La repetición entrena al cerebro para aceptar el descanso.
4. Limita la exposición a pantallas antes de descansar
Apagar notificaciones y crear una rutina de desconexión 30 a 60 minutos antes de acostarte reduce la hiperexcitación. Prueba actividades calmadas como leer, escuchar música suave o hacer estiramientos ligeros.
5. Entrenamiento en atención plena (mindfulness)
Mindfulness no requiere horas diarias para ser útil. Prácticas breves de 5 a 10 minutos, centradas en la respiración o en sensaciones corporales, disminuyen la rumiación y mejoran la regulación emocional. Existen aplicaciones y audios en español que pueden guiarte.
6. Reestructuración cognitiva
Cuando los pensamientos de culpa o urgencia aparecen, identifícalos y cuestiona su utilidad. Pregúntate: '¿Este pensamiento me ayuda ahora?' o '¿Cuál es la evidencia de que algo malo ocurrirá si descanso?' Cambiar la interpretación reduce la ansiedad anticipatoria.
7. Ambiente que facilite la calma
- Iluminación suave.
- Temperatura agradable.
- Menos ruido y desorden visible.
- Música instrumental o sonidos de la naturaleza si te ayudan.
Cómo integrar estas técnicas en la vida cotidiana
La clave es la constancia y la flexibilidad. Si vives en un departamento pequeño, adapta las prácticas a espacios cortos y momentos del día: transporte público, hora de almuerzo, antes de dormir. Comienza con 2 semanas de práctica diaria de 5 minutos y evalúa cambios.
Sugerencia de micro-rutina diaria
- Al despertar: 1 minuto de respiración 4-6-8.
- Mediodía: 5 minutos de estiramientos y respiración diafragmática.
- Noche: 5 a 10 minutos de relajación muscular progresiva o mindfulness.
Cuándo pedir ayuda profesional
Si la incapacidad para relajarte persiste y afecta tu sueño, trabajo, relaciones o te lleva a consumo de sustancias para calmarte, es momento de buscar ayuda profesional. Un psicólogo o psiquiatra puede evaluar si existe un trastorno de ansiedad, depresión u otro problema que requiera tratamiento específico, como terapia cognitivo conductual o medicación.
Consejos finales y compasión
No poder relajarte no es una falla personal; es una señal del cuerpo de que necesita aprendizaje y cuidado. Empieza con pasos pequeños y celebra los avances, por pequeños que sean. En el contexto peruano, reconoce las condiciones económicas y sociales que influyen y busca apoyo comunitario o recursos locales si lo necesitas.
Recursos y siguientes pasos
- Practica una técnica a la vez durante 2 semanas.
- Apaga notificaciones 30 minutos antes de tu pausa diaria.
- Si dudas, consulta con un profesional de salud mental.
Si quieres, puedo sugerirte una rutina personalizada según tu día a día y tus preocupaciones. Relajarse es posible; es un aprendizaje gradual y alcanzable.
Escrito por
Equipo Editorial Psicólogos en Perú
Equipo de profesionales de la salud mental comprometidos con brindar información confiable y recursos útiles para el bienestar emocional de los peruanos.
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